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14.12.2009

MANIFIESTO DEL CREALISMO

        


Ocho puntos para un infinito en pie.



1. En el corazón de lo real actúa una creación continua,
material y espiritual. “El mundo es/debe ser nuestra co-creación”
es la ética diferencial de los sujetos singulares. Verdad cuyo
evento ínter-relacional no cesa de surgir aquí y allá a través
de la Historia. Verdad a menudo olvidada frente a las
humillaciones desalentadoras del “mundo como va” y
de los “humanos como son”. El crealismo no es un
antropocentrismo que separaría artificialmente
una naturaleza-objeto de un humano-dueño y posesor.
Hay complicidades y afinidades activas
entre el caosmos y aquel que se hace digno
de escucharlo y obrarlo.



2. El capitalismo altera al mundo y empuja a los humanos
a desear alterar su cuerpo y su alma según
estandartes ansiogénicos.
Se trata de aspirar (tantos otros lo clamaron
mejor antes que yo) a una alteridad diferencial en acto,
una ética amorosa, política, erótica,
estética, cósmica, profesional hecha de
ascesis aventurada y de tentativa heroica
de no amonedar sus éxtasis. La estancia contra
el nihilismo hypnagógico pasa por una exigencia
aparentemente megalomaníaca de descondicionamiento
en devenir, una política po(i)ética
que intenta devolver a la imaginación deseante,
a la ideación voluntaria y generosa,
al esfuerzo de invención y de apoyo
de estructuras nuevas, sus letras de nobleza
en el tema de la existencia.

3. Por supuesto, en la escala in-dividual, los resultados
no son a menudo espectaculares.
El crealismo es una autodisciplina
a veces ascética en un mundo
donde las complicidades duraderas
son escasas (la envidia competitiva
ha colonizado todas las esferas, incluso donde la tradición
menos la esperaba), los frecuentes obstáculos fríos
(idiotez e indiferencia) y los pozos de melancolía omnipresentes.
Pero el crealismo también es un éxtasis sensible y mental,
una fuente y una manifestación de alegría.

4. El crealismo plantea la primacía de la creatividad
en el corazón del ser, y lejos de
estar dispuesto sólo a las disciplinas artísticas,
se trata de la dinámica de extensión de territorios vivos,
una praxis ensayable y colectiva de la singularidad.
Bajo esa acepción, lo Creal es un brotar
imprevisible, un telar vivo de interrelaciones con
vocación no-determinista, mientras que lo Real es su abono
compuesto, su marco automatizado.


5. Para los que creen en « Dios », el crealismo llega a
suponer que Él no esta fijado de una vez por todas.
Su identidad cambia sin cesar a medida
de su co-creación con sus criaturas.
El universo es una partición musical
en constante (re)composición,
al hilo del cual las improvisaciones siempre son posibles.
Somos todos más o menos divinos
según los momentos de nuestra vida,
a veces durmientes ávidos,
a veces actores y sensores de lo Creal.
El acceso al diálogo lúcido con las fuerzas amantes del mundo
es más fácil cuando el sujeto
tiene una cierta ascesis antimimética
y domina sus pulsiones de consumo y de regresión,
al precio de un esfuerzo de renunciamiento
a los (dis)gustos pavlovianos.
No es fácil, porque el totalitarismo del consumo y del fango nos
moviliza sin cesar, excitando
nuestras neuronas cansadas de sus
mensajes en apariencia contradictórios
(falsa libertad de elección entre
el higienismo y el pipicaca).
Cada día, el sistema capitalista gasta sumas
inmensas para debilitarnos.
Pero por suerte, aún los débiles son mentales…

6. Contra las castraciones de los siniestros despreciadores
del vuelo, contra la colonización de lo íntimo por imperativos
publicitarios duplicitarios, los crealistas siempre fueron relativos
sacrificadores de la comodidad estandarte
(cierto lujo les es, sin embargo, esencial).
Fueron los filtros del ser, de los altos-parlantes, refinadores del caos.
Sigamos su ejemplo, o aguantemos más y más las consecuencias
esquizonevróticas de un mundo que se ha vuelto estancado por nuestro
abandono o nuestra colaboración con la miseria mercantil, la morosa
emulación simuladora, la sumisión al dinero que confundimos,
como lo escribía Marx, con el prójimo. Actuar o sufrir la vergüenza
cotidiana que intentan infligirnos los soldados
(tanto mujeres como hombres) de la sociedad de clases.
Volverse brujo/zahorí de las formas,
de las intensidades y de las coincidencias, en vez de aceptar la banalidad
de los códigos de una época saturada de callejones sin salida.


7. Una situación de borboteo amoroso, de sincronicidades, un deseo
de justicia que va más allá de las reivindicaciones salariales,
un hermoso torneo sin hipocresías entre adversarios nobles.
Todo menos la pusilanimidad de los arranques atrofiados,
el embrutecimiento de los estímulos
y la idiotez hambrienta, llorona, burlona,
fatalista. La Historia acaso será triste?
Deleuze decía : « La historia apenas designa el conjunto
de condiciones tan recientes sean, de las cuales uno se aparta
para « devenir », es decir para crear algo nuevo ».

8. El crealismo es una política de lo Real como co-creación
en devenir, donde el sujeto coherente-activo ocupa un lugar co-central
con el armonio cósmico, donde la imaginación, la pasión, la voluntad,
el arte, el deseo, el amor vuelven a definir
sin cesar, en el presente y en acto,
las condiciones de posibilidad de una vida desalienada,
de una existencia libre.

Luis de Miranda

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